Desarrollo de herramienta para la reducción de la huella de carbono para una entidad financiera

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Caso de éxito en sostenibilidad en retail y oficinas corporativas a escala portfolio

 

En activos distribuidos en múltiples ubicaciones, el gran reto de la sostenibilidad no suele estar en detectar oportunidades de mejora en una sede concreta, sino en encontrar una metodología que permita ordenar decisiones, comparar alternativas y escalar resultados de forma coherente en todo el portfolio.

Eso es especialmente relevante en entornos como el retail y las oficinas corporativas, donde la repetición de tipologías, materiales y soluciones constructivas abre la puerta a estrategias de descarbonización con un impacto potencial muy elevado, siempre que exista una base técnica sólida para tomar decisiones homogéneas.

Con este enfoque, Evalore, consultora especializada en sostenibilidad de Grupo Gesvalt, desarrolló para una entidad financiera un proyecto orientado a evaluar la huella ambiental de una oficina tipo representativa y convertir ese diagnóstico en una herramienta práctica de gestión, replicable en el conjunto de su red.

El trabajo se llevó a cabo entre 2025 y 2026 sobre una oficina de referencia de 530 m², seleccionada por su carácter representativo dentro del portfolio.

 

El reto: transformar un diagnóstico ambiental en una estrategia escalable

El cliente necesitaba abordar la huella de carbono de su red de oficinas de una manera escalable, y evitar análisis fragmentados por sede o por fase de intervención. El objetivo era construir una lógica de decisión útil para el conjunto de su infraestructura, en lugar de obtener una imagen aislada del impacto ambiental de un espacio.

El desafío de este proyecto consistía en pasar del diagnóstico a la gestión. No bastaba con medir. Había que traducir la información ambiental en decisiones replicables, comparables y aplicables a gran escala, de forma que cada futura actuación pudiera alinearse con una estrategia común de descarbonización y circularidad.

Para lograrlo, resultaba imprescindible contar con un modelo de referencia estándar. Es decir, una oficina tipo suficientemente representativa como para funcionar como base común de comparación y suficientemente precisa como para permitir decisiones concretas sobre materiales, soluciones constructivas y potencial de mejora.

 

¿Cómo se abordó: oficina tipo, marco europeo Level(s) y herramienta de decisión?

La intervención se estructuró en torno a cuatro líneas de trabajo conectadas entre sí.

La primera fue la selección y análisis de una oficina tipo, escogida por su capacidad de representar de forma realista el conjunto de sedes del cliente. Esta elección permitió concentrar el análisis técnico en un caso con potencial de extrapolación, y evitar así una aproximación sin visión global.

La segunda fue la evaluación del impacto ambiental y del nivel de circularidad de esa oficina bajo el marco europeo Level(s), utilizado como referencia común para ordenar la medición y facilitar la comparación futura entre alternativas. Este análisis permitió establecer una línea base objetiva sobre la que construir las siguientes decisiones.

¿Qué es el marco Level(s)?

Level(s) es un marco impulsado por la Comisión Europea para evaluar y mejorar el comportamiento ambiental de los edificios a lo largo de su ciclo de vida. Su utilidad reside en ofrecer una metodología común para analizar aspectos como el carbono incorporado, la circularidad de materiales, el uso eficiente de recursos o el desempeño global del activo desde una perspectiva ambiental, además de medir emisiones o consumos.

El uso de Level(s) en este proyecto fue clave porque permitió generar un lenguaje técnico compartido y una base comparable para la toma de decisiones en el conjunto del portfolio.

A partir de esa evaluación, la oficina analizada obtuvo una calificación B en carbono incorporado, con 360 kg CO2/m², y un índice de circularidad del 45%. Ese resultado no se planteó  como una referencia inicial para detectar palancas reales de mejora.

La tercera línea de trabajo consistió en la identificación y validación de medidas estandarizables, traducidas en cambios concretos en materiales y soluciones constructivas. El valor de este paso estuvo en priorizar actuaciones con capacidad de replicación, de forma que la estrategia no dependiera de decisiones aisladas ni de criterios cambiantes entre sedes.

La cuarta fue el desarrollo de una herramienta de apoyo a la decisión, diseñada para que el cliente pudiera evaluar alternativas y seleccionar productos y materiales de manera informada y autónoma en el futuro. Este punto resulta especialmente relevante, porque convierte el proyecto en algo más que una consultoría puntual: deja instalada una capacidad operativa interna para gestionar el impacto ambiental de decisiones futuras.

 

Un modelo de referencia pensado para escalar

Uno de los aspectos más valiosos del proyecto es que se abordó como la construcción de un estándar de referencia para toda una red, en lugar de una actuación aislada sobre una oficina concreta.

Ese enfoque permite algo fundamental en portfolios distribuidos: que las decisiones individuales no se tomen de forma desconectada, sino dentro de una lógica común. Cuando una oficina tipo sirve como base de comparación, la sostenibilidad deja de depender de actuaciones puntuales y empieza a funcionar como criterio estructural de diseño, reforma y selección de materiales.

En este caso, la oficina de referencia actuó como un modelo estándar desde el que medir, comparar y validar mejoras. Esa base común garantiza coherencia técnica y facilita la replicabilidad de las medidas en el conjunto de sedes, reduciendo la dispersión de criterios y mejorando la trazabilidad de las decisiones.

 

Resultado: un potencial de reducción equivalente a la plantación de más de 115.000 árboles al año

El resultado clave del proyecto fue doble

Por un lado, se logró evaluar el impacto ambiental y la circularidad a partir de una única oficina tipo representativa, con capacidad de extrapolación al conjunto de las 700 sedes del cliente. Por otro, se desarrolló una herramienta que permite al cliente medir y gestionar de forma autónoma el impacto de sus decisiones, integrando criterios ambientales en su cadena de decisión habitual.

La aplicación sistemática de las medidas de mejora propuestas en el conjunto de la red permitiría una reducción potencial de emisiones equivalente a la plantación de 115.600 árboles al año.

Este dato es especialmente relevante porque traduce una estrategia técnica en una magnitud fácilmente comprensible y, sobre todo, muestra cómo decisiones aparentemente pequeñas sobre materiales o soluciones constructivas pueden multiplicar su impacto cuando se aplican de manera homogénea en cientos de ubicaciones.

Más allá de esa equivalencia, el proyecto deja tres impactos de fondo especialmente significativos:

  • Integración de criterios de carbono y circularidad en la toma de decisiones del cliente.
  • Autonomía operativa para evaluar el impacto ambiental de futuras actuaciones sin dependencia continua de apoyo externo.
  • Escalabilidad real de una estrategia de descarbonización coherente en todo el portfolio.

 

Del análisis puntual a una lógica permanente de mejora

Este caso demuestra que, en redes de retail y oficinas corporativas, la sostenibilidad genera más valor cuando se convierte en un sistema de decisión y no en una sucesión de estudios aislados.

La aportación del proyecto está en haber creado una metodología replicable, una referencia común y una herramienta práctica para que el cliente pueda seguir avanzando con autonomía, consistencia y criterio técnico.

 

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